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Por: Luis Marriott, coordinador regional AEI

La palabra innovación ha sido utilizada de diferentes formas, algunos de forma correcta otros de forma incorrecta. Los conceptos difieren entre autores, pero en definitiva todos coinciden: para que algo se llame innovador debe ser algo nuevo y generar valor (monetario o social) para alguien.

Con esta consideración, cabe la cuestión de si cuando una empresa se llama innovadora, realmente lo es. Los que han cruzado el proceso de convertirse en empresas innovadoras, saben que el camino no es fácil ni rápido, pero re afirman que los resultados valen la pena.

Implementar cultura, políticas y procesos de innovación en una empresa demanda esfuerzos constantes y acciones estructuradas, así como compromiso de todo el personal de una empresa desde las cabezas y que permea a todos los niveles. Existen ciertos componentes que una organización deberá implementar paulatinamente y con paciencia hasta que la innovación sea un común denominador en toda la empresa. Para esto los pilares de implementar la innovación serían:

  1. Cultura de innovación: desde los más altos ejecutivos hasta todos los colaboradores. Se debe generar lineamientos claros de hacia dónde quiere ir la organización y cómo lograrlo a través de la innovación, contando con estructuras organizacionales de decisión ágil.

  2. Procesos de innovación: la innovación, al igual que actividades de venta o producción, cuenta con procesos definidos que cada empresa adopta y moldea acorde a su giro de negocio, cultura, etapa de desarrollo y equipo. Con esto se quiere decir que la innovación no es un acto de suerte, sino que existe ciencia y puede ser administrada y medida. Estos procesos permiten pasar de las ideas hacia la ejecución.

  3. Gobernanza: deben existir los componentes adecuados para que todos los colaboradores de una empresa se sientan motivados a generar innovación, para lo cual es necesario que existan sistemas de incentivos (no necesariamente monetarios), un equipo que gestione la innovación con presupuesto y canales de interacción con el ecosistema fuera de la empresa, pues una empresa sola no puede.

Para realmente que una empresa se vuelva una fábrica de innovación, demanda principalmente la voluntad de quienes la conforman, pues el camino necesita esfuerzos y compromiso. Y si la voluntad es la base, todos podemos lograrlo.

 

 
 
 
 






 



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